Por un puñado de dólares
Columna JFM

Por un puñado de dólares

Hace ya algunos años publicamos en este espacio y lo ampliamos en el libro El Otro Poder (Aguilar Nuevo Siglo, noviembre del 2001), el monto del dinero que supuestamente llega a México proveniente del narcotráfico. Semanas atrás, cuando un estudio del departamento de Aduanas de los Estados Unidos fue presentado en México, estableciendo una cifra de entre 19 y 29 mil millones de dólares dijimos también que esa cifra no parecía real.

Hace ya algunos años publicamos en este espacio y lo ampliamos en el libro El Otro Poder (Aguilar Nuevo Siglo, noviembre del 2001), el monto del dinero que supuestamente llega a México proveniente del narcotráfico. Semanas atrás, cuando un estudio del departamento de Aduanas de los Estados Unidos fue presentado en México, estableciendo una cifra de entre 19 y 29 mil millones de dólares dijimos también que esa cifra no parecía real.

Desde el año 2000 se cree que lo que genera el narcotráfico en México, el dinero que llega a los cárteles y de allí a la calle, es de aproximadamente unos 6 mil millones de dólares, el diez por ciento de los 60 mil millones que generaban en Estados Unidos, según nos dijo en ese año el general Barry Mac Caffrey, entonces zar antidrogas de la administración Clinton.

La cifra coincidía con la información que ese mismo año 2000 me daba uno de los principales banqueros de México: entre los dólares que llegan a México, y los que pone en circulación el Banco de México y las instituciones bancarias había una diferencia de unos seis mil millones de dólares anuales, sobraban esos seis mil millones. Ahora el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero dice que esa cantidad se ha ampliado a diez mil millones. Es verdad que no todos esos recursos pertenecen necesariamente al crimen organizado, una parte, por ejemplo, deviene del movimiento de dólares que generan los millones de paisanos que viven del otro lado de la frontera. La mayoría de ellos utilizan, cada vez más, sistemas de transferencia de dinero, pero siguen siendo muchos los que continúan enviando dólares en efectivo a sus familias. Como son muchas las transacciones que se hacen en efectivo sobre todo en las fronteras, algunas lícitas, otras no, pero no necesariamente relacionadas con la delincuencia organizada.

Pero sean seis mil o diez mil millones de dólares es una cantidad enorme de dinero y deben establecerse mecanismos de control para ir ajustando esa ventana. Hay pocas formas de hacerlo. Colombia estableció hace años (creo que continúa existiendo) lo que en su momento se llamó la ventana siniestra: en un dependencia del banco central se compraban todos los dólares que se quisieran. Se prefería captar esos recursos que dejarlos circulando en el mercado, dolarizando la economía y, de alguna forma tener algún tipo de control sobre esos recursos y quienes los depositaban. Ahora en nuestro caso se ha anunciado un mecanismo aparentemente muy estricto para evitar que se vendan dólares a las instituciones financieras con liberalidad. Una persona moral, sólo si es cliente de un banco, podrá vender 7 mil dólares mensuales y eso en zonas turísticas y fronterizas. Una personas física, también si es cliente de un banco, 4 mil dólares mensuales y si no es cliente 300 dólares diarios y no más de mil 500 mensuales. Y los turistas extranjeros no más de mil 500 dólares mensuales.

Habrá que ver cómo funciona. En principio los mecanismos anunciados parecen establecer medidas muy rigurosas que impedirán muchos de esos movimientos, pero no será tan fácil. Me temo que en la frontera todo el que pueda se limitará a cruzarla y abrir sus cuentas del otro lado, donde por cierto se pueden abrir cuentas bancarias con una enorme facilidad. Me temo también que muchos turistas extranjeros estarán algo más que extrañados al no poder cambiar más de mil 500 dólares. Y habrá que recordar que la enorme mayoría de las transacciones monetarias en México, entre el 80 y el 75 por ciento, son en efectivo en pesos o en dólares.

Por lo pronto habrá problemas y se tendrán que realizar ajustes en los mecanismos porque no es tan sencillo regular de esta forma un mercado tan abierto como el mexicano, aunque es meritorio que se comiencen a tomar medidas serias para reducir el blanqueo de dinero en México. De todas maneras, una vez más, habrá que esperar que del otro lado de la frontera se adopten medidas por lo menos equivalentes, porque sino es así, se reducirá quizás el blanqueo aquí pero los grupos criminales seguirán disponiendo de su poder económico. En aquella ocasión, hace diez años, Mc Caffrey me recordaba que 90 centavos de cada dólar del narcotráfico se quedaba en Estados Unidos para ingresar al sistema financiero internacional, y una vez allí se podía disponer de él libremente. En una década eso no ha cambiado demasiado.

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